Poema

Tengo un infierno que estrangula mis costados,

que me corta la garganta, que martillea mis núcleos.

Llueve al revés y beso la sangre para no abrir mis arterias

porque el cielo se me rompe cada día.

 

 

Y cada día levanto y vuelvo a caer, levanto y vuelvo a caer

sin levante que levante mis eclipses, mis claros de luna y este termómetro que hiberna.

El lazo de las olas teje persianas mudas y son tantos los olvidos

que he aprendido a deslatir, a bombear los segundos.

 

 

Y se escapan los segundos y las palabras y las líneas y no supe qué decirte

bajo el suelo duermen las estatuas, hielo rojo, lecho vacío en ánforas sin corona.

Abro los ojos y tus manos  no existen,

desato mis nudos para encontrar tu reflejo multiplicado.

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